Por un momento, dejé de ser la madre de nadie.
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La semana pasada organicé una pequeña presentación privada: una reunión solo por invitación en la que reuní a un grupo de clientes en un ambiente tranquilo, contemplativo y relajado.
No pretendía ser un lugar concurrido ni impresionante. No había prisa, ni horarios que cumplir. Simplemente era un lugar para relajarse.

Por un momento, dejé de ser madre de nadie. No estaba organizando nada, ni manteniendo todo en orden, ni cuidando de los demás. Simplemente estaba allí.
Y ese era precisamente el espacio que quería crear para todos los que asistieran: un encuentro tranquilo e intencionado. No los considero eventos, sino más bien momentos de pausa y reflexión.
En esta exposición privada, dedicamos tiempo a pintar, algo que muchas personas me comentaron que no habían hecho en años. No se trataba de crear nada "perfecto", sino simplemente de disfrutar de la sensación de mover las manos de nuevo. Algunas personas también escribieron notas cortas o deseos para el año que viene.
A continuación, trabajamos con los olores. A través del olfato y la respiración, se invitó a las personas a prestar atención a lo que sus cuerpos les pedían, a menudo cosas que no suelen surgir en la vida cotidiana.
Terminamos con una breve meditación en grupo, que permitió a todos conectar con el momento presente y dejar que las preocupaciones cotidianas quedaran en un segundo plano.
Estaba tranquilo.
Conectado a tierra.
Muy humana.

Por qué esto es importante para mí
Durante la reunión, alguien comentó: “Nuestra generación dedica muchísimo tiempo a cuidar de la familia y a cumplir con nuestras responsabilidades. Casi nunca encontramos tiempo para nosotros mismos”.
Eso se me quedó grabado.
Muchas mujeres están constantemente entregándose a los demás: a sus hijos, a sus parejas, a sus padres, al trabajo. Estas sesiones privadas son mi manera de ofrecerles un pequeño espacio de tiempo en el que no se les exige nada.
De eso se trata todo esto.
Yo no creo eventos.
Yo creo un espacio.
Llevando la emoción a casa
Todas las piezas presentadas en la exposición fueron elaboradas a mano, con esmero y dedicación. Cada una está diseñada para contener fragancias, algo sencillo que puede formar parte de un ritual diario.

Mi esperanza es que cuando alguien use una prenda o perciba un aroma familiar, le devuelva esa sensación de calma y tranquilidad, aunque sea solo por unos minutos en un día ajetreado.
A veces, darse un poco de espacio no es un capricho, sino una necesidad.



